MANU SAN FÉLIX

March 19th, 2013

El otro «punto negro» es la presunta falta de equidad de la ecotasa, ya que sólo la pagan los turistas instalados en hoteles, pensiones, casas de turismo rural y campings en comparación de apartamentos en granada. «Según mis cálculos —apunta Pere Salva—, unos dos millones de turistas no pagan la ecotasa, al alojarse en segundas residencias, apartamentos de propiedad o yates de lujo, y en alojamientos camuflados en la economía sumergida.» Los que se «libran» son, en su mayoría, personas con alto poder adquisi­tivo, y eso agrava la sensación de desigualdad. «El impuesto debe­ría ampliarse a todos los turistas y controlarse mediante las fechas de entrada y salida de las islas, lo que exigiría la colaboración de la administración central del estado —añade Serrano—. Si hay turistas que no vienen por no pagar una media de un euro al día, es mejor que no vengan. Su capacidad de gasto se reduce a lo que paguen al operador en origen, y poco beneficio van a dejar en las islas.»

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Lo cierto es que se iniciaron los trámites para recaudar la ecotasa en puertos y aeropuertos. Pero como la Consejería de Turismo del gobierno balear no tiene esas competencias y se requería el beneplácito del gobierno central, que no se obtu­vo, la gestión fue infructuosa.

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Las «pegas» de la ecotasa. La supuesta incidencia de la ecotasa en la crisis del turismo y su presunta falta de equidad han sido dos de los «puntos negros» del impuesto.

 

Es cierto que desde 2002, año en que se implantó el tributo, el índice de turistas ha descendido de forma notable en las Baleares. La gente prefiere visitar ciudades europeas como Roma o Londres, donde se pueden encontrar apartahotel londres baratos y hostales en roma. En opinión del economista mallorquín Eduard Berenguer, Un caso atípico

 

En Pollensa, lindando con la Reserva Natural de s’Albufereta, se halla uno de los 24 estableci­mientos turísticos de las Baleares avalado por la categoría EMAS (Eco-Management and Auditing Scheme, Sistema Comunitario de Gestión y Auditorías Medio­ambientales), promovida por la Unión Europea. El Pollentia Club Resort, hotel de cuatro estrellas, está dirigido por el ex presidente de la Federación Hotelera de Baleares, Ferran Porto, quien a principios de los años noventa remodeló un antiguo complejo hotelero apli­cando un conjunto de medidas de gestión medioambiental que le permiten, por ejemplo, reciclar el 100 % de sus aguas residuales mediante una depuradora y una serie de estanques que filtran el agua de forma natural (abajo). También ha emprendido medi­das para reducir el consumo de agua mediante equipos compen­sadores de presión, cuenta con vehículos eléctricos para los ser­vicios exteriores, en sus instala­ciones se usa papel ecológico y reciclado, la basura se recicla, y sus zonas verdes son el hábitat de especies vegetales y animales autóctonas. El Pollentia Club Resort ha sacado a la luz ya tres ediciones de su Natural Magazine para informar a sus clientes de sus esfuerzos en favor de la conservación medioambiental.

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«No estoy en contra de esta­blecer un impuesto medioam­biental basado en el concepto de “quien contamina paga”, pero sí estoy en contra de la ecotasa tal como se ha planteado. No me parece bien que la paguen sólo los turistas, y tampoco incentiva a las empresas a invertir en polí­ticas medioambientales. Me parece un buen propósito mal desarrollado», opina Porto. Cree también que el turismo apunta hacia una selección natural en la que primará la calidad por enci­ma de la cantidad. Reconoce que las Baleares es un destino cada vez más caro. También lo es el complejo que dirige. «Al principio debíamos explicar al cliente nuestra filosofia y nuestra apuesta por una optimización de los recursos y por la preservación del medio ambiente. Hoy a nadie le extrañan nuestros plantea­mientos. Se nota una evolución en la sensibilización de la gente.»